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viernes, 24 de enero de 2014

Florencia


Florencia o Firenze pertenece a la región de la Toscana. Alcanzó su época de mayor esplendor con la instauración del Gran Ducado de la Toscana bajo el dominio de los Médici.  Cuna del renacimiento, patrimonio de la humanidad por la UNESCO, de extraordinarios museos, además de iglesias, palacios...
 
 
 
 
Palazzo Vecchio o Palacio Viejo, ubicado en la Plaza de la Señoría es sede del ayuntamiento, su construcción finalizó en 1322. Dentro encontramos varios salones como el de los Lirios o el Museo dei Ragazzi, además de las dependencias del ayuntamiento. Es famoso por su alto campanario (Torre de Arnolfo). A lo largo de su historia ha recibido varios nombres como: Palazzo dei Priori o Palagio Novo, luego Palacio de la Señoría. Mas tarde se conoció como Palacio Ducal cuando Cosme I de Médici se estableció allí. En 1565 empezaría a llamarse Palazzo Vecchio al mudarse Cosme al Palacio Pitti. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El Ponte Vechio (puente viejo) es el puente más conocido y antiguo de Florencia. De origen medieval, fue remodelado durante el Renacimiento, sustituyéndose las tiendas de peleteros por las de joyeros. Sobrevivió a los bombardeos nazis de la Segunda Guerra Mundial, y es uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad y uno de los lugares más frecuentados por los turistas. 

 
Piazza della  Repubblica una de las más importantes de la ciudad. Construída sobre un antiguo ghetto judío.
 
 

 Basílica de Santa María de Fiore.

   Data del S.XIV en pleno Renacimiento y se encuentra ubicado en el casco antiguo de la ciudad.

Su cúpula y tejados son de cerámica naranja.
 Es famosa por su gran cúpula de 45 m. de diámetro y 100 m. de altura.
 Las paredes del templo están recubiertas de mármol blanco, verde y rosa.
 
 
 
 
 Justo delante encontramos el Batisterio, lugar donde se bautizaban los bebés.

Su gran atractivo es la Puerta del Este. 
Puerta del Este con paneles tallados con bajo-relieves en la madera y recubiertos con papel de oro.
 
 
 
 



martes, 14 de enero de 2014

Nápoles y Pompeya

Castillo Estense
Calle principal de Pompeya  




Plaza Principal



 
En la mañana del 24 de agosto del 79, una columna de humo comenzó a ascender del volcán Vesubio. La población pensó que se trataba de un escape más de humo, pues ya había pasado en años anteriores. Pero esta vez la erupción se manifestó en dos poblaciones distintas: Herculano y Pompeya. 
 
 
En Herculano, una especie de fango, mezcla de cenizas, lava y lluvia, inundó las calzadas y callejuelas de la ciudad, cubrió los tejados y penetró por ventanas y rendijas. La gente salió horrorizada de sus casas y muy pocos pudieron huir.
 
 
En Pompeya se inició como una finísima lluvia de cenizas que nadie sentía. Luego cayeron los lapilli, pequeñas piedras volcánicas que se parecen a las normales y por último, piedras pómez de varios kilogramos de peso.
 
 
 
Pompeya quedó envuelta en vapores de azufre que penetraron por las rendijas y hendiduras de las casas y villas y se filtraron en las togas que la población se ponía en nariz y boca para protegerse.
 
 
Los pompeyanos comenzaron a pasar angustiosos minutos, replegados en los rincones que podían encontrar.
 
 
Cuando trataron de huir, muchos murieron lapidados por las piedras pómez. Otros murieron asfixiados por las cenizas como vemos en estas imágenes.
 
 
Aterrorizada, la población retrocedía y se encerraba en sus casas. Pero era demasiado tarde. En algunos casos, los techos se derrumbaban, dejando sepultados a los inquilinos.
 
 
 
 
El 26 de agosto, el sol volvió a salir. Del Vesubio sólo salía una débil columna de humo y este volcán se encontraba rodeado por un enorme pedrisco, del que apenas salía alguna columna o algún tejado. En una distancia de 18 kilómetros, el paisaje quedó asolado: los jardines no eran más que un terregal, los campos estaban llenos de ramas ennegrecidas. Las partículas de cenizas se extendieron por África, Siria y Egipto.
 
 

El Fauno.
Fuente Romana
Molino de Trigo
 Pizzería primitivas.
Prostíbulo.

Camas de piedra del prostíbulo.
 
Señal del Prostíbulo.
 
Cuando llegaban forasteros nobles a la ciudad y querían yacer con mujeres sólo tenían que seguir las señales y así evitaban preguntar y no ponían su buen nombre en entredicho. 
 
Anfiteatro Romano


Castillo Estense

El Castel dell’Ovo (Castillo del Huevo).
 
Parte del bellísimo panorama del Golfo, este castillo debe su nombre a la leyenda que cuenta que Virgilio habría escondido en el interior del castillo un huevo que soportaría la estructura del edificio, y que de romperse provocaría el hundimiento de la fortaleza causando a la ciudad grandes catástrofes.
Situado en el islote de Megaride, es una lujosa villa fortificada, reconstruida y reestructurada, que permite la entrada al público para apreciar la majestuosidad de la fortaleza, la terraza con cañones y la muy característica villa marina al pie del castillo.